
Siempre estuviste ahí,
del otro lado de la tarde,
inaccesible al tacto
de las horas,
cercano hasta el dolor
de no poder tocarte con los ojos
o él corazón velados
hasta el odio más sordo
amenazando auroras
simultáneas.
Siempre estuviste ahí,
detrás de las montañas.
Y sólo he conseguido
quemarme
de horizontes el fucsia
ceniciento de los labios
en el ocaso ambiguo
de tus insinuaciones
fronterizas,
ensoñación de alba
en las pupilas, promesas
del otro lado de la tarde,
inaccesible al tacto
de las horas,
cercano hasta el dolor
de no poder tocarte con los ojos
o él corazón velados
hasta el odio más sordo
amenazando auroras
simultáneas.
Siempre estuviste ahí,
detrás de las montañas.
Y sólo he conseguido
quemarme
de horizontes el fucsia
ceniciento de los labios
en el ocaso ambiguo
de tus insinuaciones
fronterizas,
ensoñación de alba
en las pupilas, promesas
al filo de esa vida
que nos siguió incumpliendo
el plazo improrrogable
para amarnos...
que nos siguió incumpliendo
el plazo improrrogable
para amarnos...
PD: siento este silencio que sofoca cada intento por salir de la pleamar y regresar a tierra.
Gracias por acogerme en vuestro cauce...aunque no hable...






